Desde mi ventana veo como se apagan los últimos rayos de sol del 2007 sobre el cielo frío de Madrid. Cierta sensación de nostalgia me invade, sin embargo en cuanto intento urgar en ella me doy cuenta que a nada que rasque no es nostalgia lo que siento. Tras esa débil capa se esconde una creciente sensación de responsabilidad. Sí, es responsabilidad lo que siento. Esta vez no hay excusas, nada de lo que antaño me amparó puede ser ahora esgrimido.
Esta vez depende de mi, soy yo el que tiene que hacer que todo vaya bien. Por una vez voy a conseguirlo porque no pienso fallar, esa no es una opción. Este año debo convertirme por fin en esa persona que llevo proyectando desde hace tanto. Tengo todo lo que puedo necesitar. Sólo necesito estar concentrado, hacer lo que tengo que hacer y dejarme de tonterías y niñerías. Con este año se acaba mi niñez y, siendo sinceros, a mis casi treinta y dos años ha durado demasiado.
Estoy preparado, estoy listo, incluso el gusanillo de mi estómago está más tranquilo que nunca. Ahora ya no tengo miedo, ya no voy a fallar. Por fin todo va a salir bien, sea lo que sea.
lunes, diciembre 31, 2007
Reflexiones sobre el fin de año
Es algo inevitable hace balance al final del año. Mi balance (oh! sorpresa) es muy positivo.
Este año ha estado cargado de millones de buenos momentos, describir lo feliz que he sido estos 365 días es imposible sin revivirlos íntegramente. Pero no es eso lo que yo destacaría. Para mi lo fundamental, y por lo que recordaré toda mi vida este año, es que hemos puesto las bases de lo que va a ser el resto de nuestras vidas. Y las bases son francamente inmejorables.
Por eso mi brindis no va a ser por el 2008 (que será genial) sino por el resto de nuestras vidas.
Besos a todos.
martes, diciembre 25, 2007
Una canción...
Hoy toca cantar un poco (algunos direis que para eso no necesito el blog, pero hoy estoy cantarín):
ain't it funny
how we pretend we're still a child
softly stolen under our blanket skies
and rescue me from me, and all that i believe
i won't deny the pain
i won't deny the change
and should i fall from grace
here with you
will you leave me too?
carve out your heart for keeps in an old oak tree
and hold me for goodbyes-and whispered lullabyes
and tell me i am still
the man i'm supposed to be
i won't deny the pain
i won't deny the change
and should i fall from grace here with you
will you leave me too?
too late to turn back now,
i'm running out of sound
and i am changing, changing
and if we died right now,
this fool you love somehow
is here with you
i won't deny the pain
i won't deny the change
and should i fall from grace
here with you
would you leave me too?
lunes, diciembre 24, 2007
Contraste (I)
En situaciones dónde se busca que, por una vez al año, el máximo de personas sean felices, la infelicidad choca como una piedra contra una casa de cristal. El contraste sentimental siempre me ha fascinado.
Me parece tan complicado tener sentimientos que parecen incompatibles. Eso de estar en medio de una felicidad generalizada que te llega a contagiar pero a la vez llevar la tristeza en tu interior es un dilema que me subyuga.
A veces la complejidad emocional domina a la pureza emocional. Al fin y al cabo quien puede decir que prefiere tajantemente sentir de forma pura (total) cada sentimiento o hacerlo de forma compleja. Igual es que estoy comparando magnitudes distintas.
No sería la primera vez.
domingo, diciembre 23, 2007
Mi enemigo (I)
No soy un experto en filosofía, de hecho nunca conseguí aprobar un examen de filosofía de COU, pero estoy casi seguro que algún filosofo (si es que no han sido muchos) dijo algo así como que somos nuestro mayor peligro, nuestro enemigo mortal.
Yo, sin lugar a dudas soy mi peor enemigo, cavo mi propia tumba, me zancadilleo, me remato,...
Emboscada
Alzó la vista entrecerrando los ojos, el sol estaba ya muy alto aunque el día acabara de empezar para él.
Ya no quedaba ni rastro de la brisa fresca que seguramente al despuntar el sol le habría obligado a abrigarse para caminar. La naturaleza muerta que le rodeaba parecía no poder reaccionar ante los rayos del sol invernal, quizás prefería esperar a que llegara la primavera y así asegurarse una ración de sol más generosa. Él, al contrario que la naturaleza, no tenía tiempo que perder. Había dormido mucho más de la cuenta, le iba a costar llegar a dónde quería antes de que desapareciera el sol.
Recogió el saco de dormir aun tibio con el calor que habían compartido durante tantas (demasiadas) horas. Se lavó la cara con el agua justa para no poner en peligro la ración diaria que podría necesitar en caso de no poderse parar a reponer sus maltrechas existencias.
Se puso a caminar, si iba lo suficientemente rápido y no se equivocaba de camino podría alcanzarla. Esa idea lo azuzó para comenzar con fuerza el largo caminar que le esperaba. Esta vez no iba a fallar.
Concentrado fue minuciosamente repasando todos los datos que tenía para llegar a su destino, no podía esta vez perder tiempo en aventurarse por si encontraba un atajo.
El camino era sencillo, subir al monte Abantos, internarse por sus pinares y llegar hasta la cuerda, avanzar dejando Cuelgamuros a su derecha y llegar al Puerto de los Leones. La clave estaba ahí, en conseguir rodear Cuelgamuros sin ser visto. Para ello había que intentar rodearlo por la izquierda sin perder mucha altura pero sin ir por la cuerda. Era el camino más directo pero más peligroso.
Confió en estar acertando esta vez.
Llegó a la cumbre al cabo de un par de horas. El ascenso lo había hecho en casi la mitad del tiempo que le habían dicho pero estaba más cansado de lo debido. Paró un instante a comer una manzana y beber un sorbo de agua. Desde allí no se distinguía aun el camino que debía transcurir por debajo de la cuerda, aunque si vio tres posibles caminos que parecían encaminarse a distintas alturas hacia ese punto. Optó por coger el más alto, en caso de equivocarse penso que ya encontraría un forma de bajar.
El puerto de los Leones no era una zona muy transitada pero era una ruta indispensable en invierno cuando se quería pasar hacia el norte sin ser visto.
Por fin vio a lo lejos la curvatura de Cuelgamuros. Parecía surgir un camino al lado izquierdo que podría llevarle hasta el otro lado. Alentado por esta cirscunstancia y pensando que esta vez todo estaba hecho se encaminó con paso seguro y decidido.
Al cabo de dos horas ya veia el Puerto de los Leones. Ni rastro de ser humano. El sol hacía tiempo que había perdido fuerza y se ocultaba perezosamente al otro extremo del valle.
Todo transcurrió en un instante. Con el rabillo del ojo vio el brillo de algo bajando hacia el camino y antes de que se pudiera dar cuenta la emboscada estaba resuelta.
Primero pensó en plantar cara pero un vistazo a su alrededor le hizo comprender que no tenía nada que hacer. Dos guardias civiles, con el inconfundible uniforme verde caqui se habían puesto en la retaguardia, avanzaban hacia él por su espalda tranquilos, midiendo su posible reacción. Delante en el camino habían aparecido otros dos guardias más y a su altura sobre un montículo de rocas a cinco metros de él estaba el guardia al que había visto por el rabillo del ojo, éste ya estaba con el arma reglamentaria desenfundada.
La rendición tampoco podía ser una opción, las instrucciones de los guardias serían las de matarlo si no encontraban los documentos. Y, afortunadamente pensó ahora, él no lo tenía. Ellos tampoco, porque sino no le habrían tendido la emboscada. Eso sólo podía significar que ella había conseguido llegar.
Con ese esperanzador pensamiento tomó la decisión. Se encomendó, como siempre que tenía dificultades desde que siendo joven le vio morir en un paredón fusilado, y se dispuso a morir.
Los guardias civiles entendieron el gesto y se pararon expectantes.
La esperanza ya no estaba en sus manos. En realidad nunca había existido mucha, pero hacía tiempo que no estaba en sus manos.
Más allá del análisis... (I)
En la vida hay que tomar decisiones. Yo tengo que aprender mucho. En concreto hay una lección de mi mismo que me está constando muchísimo aprender y esta vez (con fuego) ha entrado.
SOY IMPERFECTO. Durante años me he comportado (parafraseando a Herman Hesse) considerándome perfecto (o muy cerca) y eso era sólo porque me exigía mucho menos a mi mismo que a los demás.
Hace tiempo que debí haberme dado cuenta, a pesar de los enormes signos de alarma que a mi alrededor han ido creciendo, no he sido capaz de llegar a la conclusión. Siempre me decía que en mis errores estaba la virtud de que yo podría enmendarlos. Ahora me doy cuenta que la virtud no es poder enmendarlos, sino enmendarlos.
En mi cabeza, y en general en mi personalidad, tiendo a confundir el análisis acertado o no de las situaciones con su transformación en la realidad. De hecho la realidad es un reto para mi. Un reto que por fin voy a afrontar, sé que no será perfecto, pero por fin todo será real.
Normalmente razono y me doy cuenta de lo que ocurre. Hago un análisis, llego a una conclusión (acertada o no) y me doy una palmada en la espalda. Me digo, bien hecho, que bien has razonado. Y me quedo tan contento.
Sin embargo muy pocas veces tengo el valor, la decisión, el buen sentido, la coherencia, de exigirme que lo que he concluido se plasme en la realidad. De hecho es asombroso lo mucho que me cuesta en mi vida ese esfuerzo.
Por poner un ejemplo trivial. Tengo en la cabeza un corto. Es algo que tengo desde hace mucho tiempo en mente hacer. Tengo las ideas necesarias, las sensaciones, gente que me puede ayudar y hasta me he imaginado a mi mismo rodándolo. Y estoy tan contento, para mi cabeza ese es mi corto, en la realidad cualquiera que lea esto dirá, de qué esta hablando este hombre, si nunca ha mostrado ni la menor afición por rodar. Y esa es una buena señal de hasta que punto está desconectado mi lado decisor del cerebro con el lado ejecutor del mismo (no lo digo en ningún término biológico sino figurativo).
Pues muchas veces con las cosas serias (al fin y al cabo que haga o no el corto probablemente sólo me interese a mi) con las cosas serias, decía, me ocurre muchas veces algo parecido. Me digo a mi mismo que tengo que hacer las cosas de una determinada forma. Me enumero a mi mismo los numerosos argumentos a favor de actuar de esa determinada forma y con eso me pienso que esa forma de actuar ya es real, y no me paro a pensar que en realidad sólo será real cuando lo consiga hacer real, o por lo menos cuando lo intente hacer real.
A veces pienso que es por vagueria, otras pienso que es por que me parece que el mundo real no es nada bonito, comparado con el que tengo dentro de la cabeza. Pero la mayoría de las veces me pongo cualquier excusa para no actuar. Y eso es intolerable.
A partir de ahora eso se ha acabado. Voy a hacer real lo pienso que debe ser real. Mis defectos al menos serán defectos reales intentados perfeccionar. Y no pienso detenerme ni un segundo más en imaginar como sería el mundo si todos mis pensamientos se hicieran realidad. El mundo es el que es, pero mi vida es la que yo me forjo todos los días, en cada instante con cada acción u omisión que ejecuto. En todo lo que de mi dependa, se hará como yo quiero, y me voy a empeñar. Porque tengo otro defecto casi incurable (bueno tengo muchísimos más) es que soy un cabezota.
Desde hace unas horas en adelante, mientras viva, soy una persona más realista. Todas mis acciones me definen, mis ideas no me definen más allá de la expresión o formulación de hipótesis. Pero voy a ser juzgado por mis acciones, sin importar más de lo necesario mis intenciones.
Lo que hago o dejo de hacer bien sumará a mi favor, lo que hago o de jo de hacer mal, restará en mi contra, el resultado será favorable o negativo pero por una vez será real.
Así que juzgádme, ahora soy yo siempre.
martes, diciembre 04, 2007
El tiempo se va... (II)
Es obvio que el tiempo no deja de pasar.
Me asusta pensar que ese instante en el que dejamos de existir está inexorablemente cada vez más cerca. No sabes ni cuando, ni como, ni dónde, no puedes si quiera prepararte. Ante la muerte, la desaparición de una persona, casi todos los tópicos valen. Es tan definitiva que no admite réplica.
Gracias a mis creencias inculcadas desde pequeño, la muerte nunca fue un tema que me preocupara demasiado, hasta tal punto que, a veces, incluso pensaba que era absurdo estar "en vida" pudiendo estar ya "en la otra vida".
Sin embargo, con el tiempo y la experiencia, me he ido dando cuenta de lo que me gusta vivir y, que me da bastante lo mismo si hay o no "algo" después de la muerte. Actualmente no cambiaría lo que me queda de mi vida ni por mil años en paraísos reales o soñados.
Todo esto no impide que de vez en cuando me asalten dudas sobre cómo debo afrontar el tema de la muerte. Son dudas más del tipo, ¿he hecho con mi vida lo que quería? ¿qué me queda por hacer antes de morir?...
No son grandes dilemas, como ya he dicho actualmente mi vida me encanta, pero si son cosas que se quedan dando vueltas por mi cabeza.
lunes, octubre 29, 2007
El tiempo se va...
A veces la rutina te impide ver que cada instante es único. Es tan fácil caer en la espiral diaria de querer escapar de ella que se llega a desear fervientemente que el tiempo inicie una carrera vertiginosa sin reparar que con ello estamos desperdiciando parte de nuestras vidas.
En la sociedad que nos ha tocado vivir no hay tregua para frenarse. No es culpa ajena, no estoy echando balones fuera. Es culpa mía. Cada vez que deseo (y últimamente me ocurre casi todos los días) que llegue la hora de salir del trabajo estoy irremediablemente ahogando de golpe unos instantes que aunque sean tan poco gratificantes, por ello deseo que pasen, no dejan de ser instantes de mi vida que no volverán. Hay pocas cosas tan definitivas que las podamos afirmar con rotundidad y en voz alta, una de ellas es que el tiempo no vuelve.
A pesar de toda la literatura e imaginación que seamos capaces, el tiempo tal y como está concebido actualmente es inamovible. Simplemente porque si el tiempo no fuera definitivo no existiría. Si en algún momento del futuro el tiempo deja de ser un factor intocable, tendría tal repercusión que nuestro pasado quedaría irremediablemente transformado. Dejaríamos de existir pues nada sería definitivo y todo sería susceptible de ser cambiado... Miedo me da.
lunes, junio 11, 2007
The Smashing Pumpkins (I)
Bueno hoy toca rollo personal, lo siento pero voy a contaros mi historia con "The Smashing Pumpkins".
Yo tuve una época en la que la música me empezó a cansar. Parece mentira pero en el año 1995 yo estaba experimentando muchas cosas que hasta entonces no conocía. Sin embargo mis gustos musicales habían llegado a un punto de agotamiento. Cómo buen "fan" de héroes del silencio me había cerrado todas las salidas, en mi cabeza sólo me cabían sus cuatro discos y a todo lo demás lo ignoraba con estúpida sonrisa.
Así mi vida absorbía un montón de nuevas vivencias que no era capaz de acompañar con música nueva que refrescara mis sentidos.
En esto, una anodina tarde de Febrero (el 1 de Febrero de 1996 para ser exactos) y, viendo que era incapaz de estudiar el examen de Derecho Romano que tenía al día siguiente, me fui a pasear por el centro. En aquella época había un Madrid Rock cerca de la calle Mayor y sin querer mis pasos me llevaron allí (mi ronda habitual incluía Fnac, Madrid Rock de GV, Tipo de Fuencarral y las tiendecitas que entonces había en la calle Luna). Supongo que eran mis pocas ganas de volver a casa, el caso es que aburrido me metí en ese pequeño MR para justificar mi ausencia de la mesa de estudio.
Allí di mi vuelta tranquila, mirando en primer lugar si había algún disco inédito de héroes que comprarme y luego buscando algo que me llamara la atención. Casi sin querer vi en la "zona de escucha" la portada del Mellon Collie & The Infinite Sadness. Reconozco que me chocó mucho ver una portada tan "delicada" para un disco de un grupo llamado "The Smashing Pumpkins", por entonces lo único que sabía de ese grupo era que tenían algo que ver con el "grunge" (inculto de mi).
El caso es que aquello fue suficiente para que me pusiera los cascos y me dispusiera a escuchar con oídos muy críticos lo que ese disco contenía. Sinceramente esperaba encontrar otro grupo malo que justificara mi postura "heroinómana".
Es difícil, aun hoy, explicar el torbellino de emociones que me produjeron los siguientes 15 minutos. Al oír el piano del comienzo mi sorpresa fue enorme, pero cuando arrancó "Tonight, tonight" no podía dar crédito a mis oídos. De repente me sentí transportado a un mundo fantástico dónde alguien me llamaba, me gritaba, se desgañitaba para llamar mi atención y desperezar mi atontada mente. Con "Jellybelly" casi se me saltan las lágrimas, esas guitarras incontenibles, ese descontento, esa rabia, esa bofetada,... pero entonces llegó "Zero", no pude más, tenía un poco guardado de mi cumpleaños y al módico precio de 2.590 pesetas decidí comprármelo.
Salí de la tienda con urgencia, volví a mi casa como aquel que se ha quedado dormido en una inesperada siesta y, cuando está comenzando a babear, se despierta de golpe con el corazón alterado.
Llegué a mi casa, cerré la puerta de mi cuarto y me puse los cascos a un volumen que impidiera que entrara nada que no fuera música. Mientras volvía a escuchar ese piano inicial (al mismo tiempo que mis oídos "respiraban" aliviados, cómo si les hubiera proporcionado el alimento deseado) empecé a deleitarme con el libreto interior, esos extraños dibujitos de animales cotidianos... y descubrí las letras. Se fueron grabando en mi cabeza de una forma automática, bebí hasta la última línea mientras escuchaba los dos discos.
Lejos de saciarme, mi apetito me pidió más. Tres veces más escuché los discos antes de quedarme dormido emocionalmente exhausto. Aquella noche mi cabeza descubrió que quedaba mucho por explorar, soñó con nuevos mundos e ideas. Desde entonces mi apetito musical es cada vez mayor y mi cabeza es cada día más libre para estar dónde mejor le parece.
Sí, suspendí el examen de Derecho Romano, ni me arrepentí entonces, ni lo hago ahora. Después de aprobarla con lo justo en el siguiente Septiembre, no volví a necesitarlo, mientras que la música fue, es y será uno de los motores de mi vida.
martes, mayo 29, 2007
Todos ganan (I)
Cada vez que tenga que escribir sobre cualquier tipo de elecciones tendré que utilizar este titular. Para comenzar diré que creo que contrariamente a lo que dice el titular pienso que todos han perdido, en mayor o menor medida, pero al fin y al cabo perdido.
Yo para algunas cosas tengo buena memoria, y para las bravuconadas que se dicen aún más. Y me gusta ver que en este país en el que afortunadamente no se han hecho realidad ninguna de las más agoreras visiones pergeñadas por los más variados personajes, pues hasta ahora no veo ni fronteras dentro del país, ni barreras infranqueables, ni guerra civil, ni el gobierno de los terroristas, ni crisis económica, ni al país invadido por los Estados Unidos en respuesta a afrentas insostenibles (qué eso se llegó a publicar).
Pues tras otras tranquilas elecciones, con resultados que poco más o menos nos dejan lo mismo que había, a mi me da por pensar que después de toda la crispación y enconamiento que se ha intentado crear, ahora no queda nada. Hoy no hay titulares insultantes, ni políticos anunciando las siete plagas, ni tertulianos argumentando sobre la estrategia oculta del sometimiento de todos los ciudadanos a cualquiera que le haga una buena oferta al Gobierno (porque menudo problema tendríamos si este se hubiera sometido a todos y cada uno de los que dicen que se ha sometido).
Imagino que esta relativa tranquilidad durará hasta que haya que afilar la maquinaria electoral otra vez, ojalá durase al menos hasta después de verano pero me temo que en una semana estaremos otra vez con las fuerzas renovadas.
Sintiendo que la brisa me acaricia (I)
Llevo un tiempo queriéndome escribir esto que por fin empieza a tener forma. No es que no supiera qué poner en estas líneas. Tampoco se trata de ideas tan complejas que necesiten de un profundo meditar para sacar algo en limpio. No, la realidad, mejor dicho, mi realidad actual es mucho más sencilla y eso es lo que me cuesta explicar. Normalmente cuanto más complicado es lo que uno quiere poner por escrito, más largo o de más explicaciones dotará a lo que está escribiendo y mas aún si el lector es indeterminado (hipotéticamente hablando claro).
El caso es que desde unos meses a esta parte mi existencia no es que se haya vuelto sencilla, ni mucho menos, pero si es más sencilla de explicar. La fuente inagotable de causas-acciones-consecuencias se ha simplificado enormemente y con ello mi necesidad de explicar mis acciones y sobretodo mis "no-acciones" se ha reducido notablemente, que no agotado (lo dejo claro por si acaso).
La necesidad de escribir, por todo ello, debe ahora ser fruto de otras motivaciones. Ahora debo centrar mi esfuerzo por escribir no tanto en explicarme a mi mismo, aunque obviamente todo lo que escriba por el mero hecho de salir de mi, intrínsecamente lleva consigo un intento de explicarme algo. No, mi esfuerzo desde ahora debería centrarse en explicar a terceros algo (releyendo este párrafo este "algo" me ha dado muchísimo miedo). Este es un cambio de óptica que me va a costar bastante. En general, no tengo problema en reconocerlo, soy un escritor (por no manchar esta palabra me gustaría poner "escribidor" pero conozco alguna persona que pondría el grito en el cielo) auténticamente egocéntrico, prácticamente todo lo que he escrito (por no decir todo que queda muy feo ser absolutista) público o privado ha sido desde/por/para mi. Así que intentar escribir algo sin centrarme en mi me va a costar (observad que si habéis llegado hasta aquí, sólo habéis leído cosas sobre mi)...
lunes, marzo 05, 2007
Leyendo (I)
Letras, letras, letras, no son más que letras. Y sin embargo siguió leyendo su propio destino. Este estaba escrito en una hoja de líneas torcidas y entrecruzadas, formando caprichosas figuras las cuales sólo le transmitían una indescriptible sensación de melancolía.
Advirtió que el futuro le deparaba a la par sorpresas y decepciones. Se reconoció en lo que leía, de hecho, pensó claramente que ese futuro sólo podía hacerse realidad en su persona. Poco a poco fue asimilando lo que le esperaba. Sonrió al reparar en aquellos detalles que le complacían y sintió un escalofrío ante aquellos que le perjudicaban. Enumeró sus futuros errores para intentar recordárlos pero perdió la cuenta cuando sobrepasó el número mil. Grabó en su memoria los momentos decisivos, y pronto intentó memorizar la hoja al completo.
Cuando se quedó satisfecho la quemó, después de todo la vida en ella contenida ya la había disfrutado y ahora quería probar otra...
lunes, febrero 12, 2007
Superando mi timidez (I)
Un buen día me desperté en un cruce de caminos. Era de noche y había refrescado, pero era uno de esos frescores que se agradecen, que te animan a activarte y a sentirte despierto. Cómo no sabía que hacer, ni hacia donde ir, saqué una moneda para que me ayudara a elegir el camino.
Como algunos ya sabeis mi moneda de la suerte es una moneda extraña, una vez se cruzó en mi camino salvándome de una muerte segura y desde entonces la conservo en mi bolsillo izquierdo como un tesoro. Es del tamaño de una chapa de las botellas de antes, dorada por un lado y plateada por el otro; en la parte dorada se distingue claramente un rostro serio, duro e impenetrable, de estilo nórdico y con una mandíbula prominente, está rodeado por unos extraños caracteres que todavía no he logrado identificar; el lado plateado, en cambio, está difuminado, como si hubiera sido tocado muchas veces y en el se aprecia una suerte de cara de formas redondeadas entre vaporosas nubes que parece estar profiriendo una advertencia.
Lancé mi moneda al aire y la vi ascender y ascender hasta que se convirtió en una estrella. Esperando que la moneda descendiese empecé seguirla. Y para poder seguirla me ví obligado a pasar por donde no había ningún camino. Con la vista en el cielo, siguiendo mi moneda convertida en estrella, caminé durante incontables jornadas. Pero llegó un momento en que ya no pude más y agotado me quedé dormido mirando el cielo.
Cuando desperté me pareció ver muchas estrellas a mi alrededor. Me froté los ojos y vi que revoloteaban tejiendo un caos de fulgores que me envolvia en una red luminosa. Rogué que se pararan y me obedecieron, sin embargo al pararse murieron y calleron una a una al suelo. Cogí del suelo al azar la que se encontraba más cerca y ví que tenía una forma de estrella de cinco puntas irregular, al sentir mi contacto se estremeció, o yo sentí que se estremecia, no sé explicarlo bien, o si existe alguna diferencia. Me produjo una alegría enorme comprobar que algo latía dentro, aunque sonara como si estuviera a una distancia insalvable. La hablé, supliqué e incluso lloré pero nada hizo variar su estado. Lleno de frustración la lancé con todas mis fuerzas. Vi como se alejaba impulsada por mi fuerza pero en seguida comprobé que caia irremediablemente y al caer sentí los golpes en mi propia carne.
Confuso me puse a caminar. Al hacerlo vi aparecer de nuevo mi moneda en su forma de estrella. Esta vez corrí hacia ella y dí un salto pensando insensatamente que podría alcanzarla. Al despegar mis pies del suelo una fuerza me tomó en sus brazos y me impulsó hacia la moneda.
Cuando llegué a su altura extendí mi mano para tocarla y al rozarla sentí que yo lo era todo y que todo cabía en mi. Transtornado por esa sensación pensé en un bello amanecer que se fue dibujando ante mis ojos con toda clase de detalles. Vi los colores que había imaginado tomar formas inesperadas. Los vi como se mezclaban y creaban nuevos colores que yo sólo había intuido.
En pleno frenesí volví al suelo con mi moneda y me di cuenta que había llegado a donde en el fondo siempre había querido llegar. Respiré hondo para intentar contener mis torrentes sanguíneos que desbocados me recorrían produciéndome a la vez una cómoda sensación de calor y frio. Al abrir de nuevo los ojos me percaté de que aunque sabía que era ese el sitio que alguna vez había soñado, en realidad el viaje sólo acababa de empezar...
martes, enero 23, 2007
Capítulo Tercero: La más pura soledad (III)
Tener miedo a sentirse solo es sólo uno de los sentimientos posibles. Pero es un miedo igual a otros. El sentimiento de soledad puede ser terrible, pero tiene remedio. No es una realidad, es algo que nuestra cabeza se encarga de mezclar y servir. A mi desde pequeñito me enseñaron que lo mejor para luchar contra los miedos es no tenerles precisamente miedo. Afrontarlos, no dejar que nos invadan.
Y si crees que alguna vez te vas a sentir solo, abre los ojos. Abre bien los ojos y deja que entre la luz y la oscuridad. Respira hondo, despacio. Cuenta en voz baja hasta tres, y a la de tres sal corriendo. Y no pares de correr hasta encontrar a alguien que te agarre. Que te coja, te abrace y te diga que ya no estás solo.
domingo, enero 14, 2007
Capítulo Tercero: La más pura soledad (II)
El miedo a sentirse solo, es un miedo racional. Uno de esos miedos que, precisamente por proceder de la razón, es más díficil de combatir. Los miedos irracionales terminan por dejar de serlo cuando los racionalizamos, cuando los comprendemos. Los miedos racionales por el contrario cuanto más los pensamos, cuanto más profundizamos en ellos más férreamente nos atenazan y son más difíciles de combatir.
Nadie quiere estar solo. Es obvio. Como también hay momentos en que buscamos una cierta "soledad", y la entrecomillo porque no es una soledad real, sino que queremos estar un poco más con nosotros mismos, que es muy distinto a estar solos. El miedo a estar solo es el miedo a no tener nada ni nadie que nos acompañe, a no poder comunicar ni recibir esa comunicación con/de nadie. Esa situación no se cumple cuando estamos con nosotros mismos, cuando buscamos poder oirnos sin interferencias de personas o cosas externas.
Desde este punto concebir una absoluta soledad es muy dificil. Pues al menos siempre nos tendremos a nosotros mismos, lo que no es poco y, solamente en aquellas situaciones en las que no podamos si quiera contar con nosotros mismos podremos estar en soledad.
Dicho esto, lo cierto es que el miedo más común a la soledad no tiene que ver con esta situación, sino más bien con aquellas otras en las que queremos comunicarnos y ser objeto de comunicación con una/s persona/s determinada/s o no. Es un miedo a una situación concreta, en que nos surge una necesidad, la de tener a alguien al lado, y no la podemos cubrir por nosotros mismos, bien porque ese alguien concreto no la atiende o porque no hay nadie indeterminado capaz de atenderla. En cierto sentido se trata de un problema de dependencia, cuanta más necesidad tengo de tener personas con las que relacionarme en todos los sentidos, más vulnerable seré a que me ocurra esa situación, o más la debo de temer, que por otro lado puede ser temporal o, mucho más grave, definitiva o indefinida.
miércoles, enero 03, 2007
lunes, enero 01, 2007
Capítulo Segundo: Virutas de goma de borrar en mi cabeza (III)
El principal problema de las soluciones borradoras es que suponen que al borrar un recuerdo se liberará la cabeza de barreras para volver a probar todo aquello que en el pasado nos hizo daño y piensan que eso es bueno.
Llevado al extremo eso sería tanto como decir que es bueno borrar el recuerdo al niño que se quema al acercar su mano por primera vez al fuego para evitar que ese recuerdo le produzca una animadversión al fuego, sin embargo a ese niño al borrarle el recuerdo lo que le harás es que vuelva a acercar la mano al fuego y con ello habrá que volver a borrarle el recuerdo. Sin embargo a aquel niño que no le borras la memoria aunque en un principio genere una aversión al fuego pronto comerá salchichas asadas al fuego en un campamento y no será por haber borrado el recuerdo sino por haberlo racionalizado.
Lo importante de aquellas experiencias que nos han producido un daño es racionalizarlas, saber que el daño no vino de la experiencia simplemente sino de que en esa experiencia intervinieron una serie de factores que en conjunto produjeron el resultado, y que las siguientes experiencias serán distintas en tanto podamos ser conscientes de que factores produjeron la combinación desafortunada. Poder recordar es la mejor manera de fabricar nuestro propio libor de instrucciones, y sin libro de instrucciones estaremos más pérdidos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)