Desde pequeñito me enseñaron la analogía entre el camino y la vida. Mi colegio, de naturaleza religiosa, me educó en las alegorias del camino desde el punto de vista de los más prestigiosos Santos. Pero más tarde fue cuando pude experimentar la realidad de tales enseñanzas, primero en los grupos de montaña y a continuación haciendo el camino de Santiago (hace ya casi once años) con mis amigos; con ellos comprendi varias cosas que trato de mantener presente en mi vida. El camino hay que andarlo, la respiración y el ritmo de paso es fundamental para llegar a la cumbre, esta es una enseñanza básica en cualquier manual de alpinismo, pero resulta no ser tan importante cuando estás en la montaña y, paso a paso, vas comprendiendo que mucho más importante que llegar a la cumbre es el camino que vas recorriendo. Me sucedió que algunos días, con mi moral un poco hundida, me empeñaba en verlo como un ejercicio simple de andar y llegar a la cumbre, entonces me ponia a andar a mi ritmo, solo, sin pensar en otra cosa, y sufría subiendo las empinadas laderas de cualquier monte de la sierra; pero, poco a poco, las risas de mis compañeros, sus canciones, sus bromas me iban haciendo olvidar el objetivo de llegar a la cumbre para acabar con el sufrimiento de subir, me sorprendia sonriendo y participando de ellas, y al poco descubría lo poco que me importaba llegar antes o después y lo mucho que en cambio necesitaba disfrutar del camino.No tardé en comprender que, en la vida de todos, hay muchos momentos en los que tenemos que elegir objetivos, y lo hacemos aun a costa del camino. Es un error buscar una meta a su costa, porque la cumbre no dura mas que el camino, no puedes saber lo que te vas a encontrar arriba (sol, viento, nieve...) hasta que llegas y, en cambio, al disfrutar el paso a paso, el momento, eso es algo que ya tienes ganado.Otra gran enseñanza aprendida de mis días de montañero fue, que el camino se hace muchísimo mejor acompañado. Esto ya lo enseña la naturaleza pues somos animales sociales, y solos nos habríamos extinguido nada mas nacer. Pero algo que ningún montañero profesional os dirá pero, que todo caminate normal os recomendará es ir acompañado. Andar es un ejercicio muy sano pero, al hacerlo solo, te centras más en el cansancio, en el desgaste, el sufrimiento de cada cuesta, o las mil y una penalidades del caminante que en el paisaje o las mil y dos maravillas que te ofrece el entorno. Para disfrutar del camino nada mejor que hacerlo bien acompañado (en plural y en singular). Con ello las metas dejan de ser tan necesarias y hasta pierden un poco de altura, maravillas de la física...