lunes, octubre 29, 2007

El tiempo se va...

A veces la rutina te impide ver que cada instante es único. Es tan fácil caer en la espiral diaria de querer escapar de ella que se llega a desear fervientemente que el tiempo inicie una carrera vertiginosa sin reparar que con ello estamos desperdiciando parte de nuestras vidas. En la sociedad que nos ha tocado vivir no hay tregua para frenarse. No es culpa ajena, no estoy echando balones fuera. Es culpa mía. Cada vez que deseo (y últimamente me ocurre casi todos los días) que llegue la hora de salir del trabajo estoy irremediablemente ahogando de golpe unos instantes que aunque sean tan poco gratificantes, por ello deseo que pasen, no dejan de ser instantes de mi vida que no volverán. Hay pocas cosas tan definitivas que las podamos afirmar con rotundidad y en voz alta, una de ellas es que el tiempo no vuelve. A pesar de toda la literatura e imaginación que seamos capaces, el tiempo tal y como está concebido actualmente es inamovible. Simplemente porque si el tiempo no fuera definitivo no existiría. Si en algún momento del futuro el tiempo deja de ser un factor intocable, tendría tal repercusión que nuestro pasado quedaría irremediablemente transformado. Dejaríamos de existir pues nada sería definitivo y todo sería susceptible de ser cambiado... Miedo me da.