martes, enero 23, 2007
Capítulo Tercero: La más pura soledad (III)
Tener miedo a sentirse solo es sólo uno de los sentimientos posibles. Pero es un miedo igual a otros. El sentimiento de soledad puede ser terrible, pero tiene remedio. No es una realidad, es algo que nuestra cabeza se encarga de mezclar y servir. A mi desde pequeñito me enseñaron que lo mejor para luchar contra los miedos es no tenerles precisamente miedo. Afrontarlos, no dejar que nos invadan.
Y si crees que alguna vez te vas a sentir solo, abre los ojos. Abre bien los ojos y deja que entre la luz y la oscuridad. Respira hondo, despacio. Cuenta en voz baja hasta tres, y a la de tres sal corriendo. Y no pares de correr hasta encontrar a alguien que te agarre. Que te coja, te abrace y te diga que ya no estás solo.
domingo, enero 14, 2007
Capítulo Tercero: La más pura soledad (II)
El miedo a sentirse solo, es un miedo racional. Uno de esos miedos que, precisamente por proceder de la razón, es más díficil de combatir. Los miedos irracionales terminan por dejar de serlo cuando los racionalizamos, cuando los comprendemos. Los miedos racionales por el contrario cuanto más los pensamos, cuanto más profundizamos en ellos más férreamente nos atenazan y son más difíciles de combatir.
Nadie quiere estar solo. Es obvio. Como también hay momentos en que buscamos una cierta "soledad", y la entrecomillo porque no es una soledad real, sino que queremos estar un poco más con nosotros mismos, que es muy distinto a estar solos. El miedo a estar solo es el miedo a no tener nada ni nadie que nos acompañe, a no poder comunicar ni recibir esa comunicación con/de nadie. Esa situación no se cumple cuando estamos con nosotros mismos, cuando buscamos poder oirnos sin interferencias de personas o cosas externas.
Desde este punto concebir una absoluta soledad es muy dificil. Pues al menos siempre nos tendremos a nosotros mismos, lo que no es poco y, solamente en aquellas situaciones en las que no podamos si quiera contar con nosotros mismos podremos estar en soledad.
Dicho esto, lo cierto es que el miedo más común a la soledad no tiene que ver con esta situación, sino más bien con aquellas otras en las que queremos comunicarnos y ser objeto de comunicación con una/s persona/s determinada/s o no. Es un miedo a una situación concreta, en que nos surge una necesidad, la de tener a alguien al lado, y no la podemos cubrir por nosotros mismos, bien porque ese alguien concreto no la atiende o porque no hay nadie indeterminado capaz de atenderla. En cierto sentido se trata de un problema de dependencia, cuanta más necesidad tengo de tener personas con las que relacionarme en todos los sentidos, más vulnerable seré a que me ocurra esa situación, o más la debo de temer, que por otro lado puede ser temporal o, mucho más grave, definitiva o indefinida.
miércoles, enero 03, 2007
lunes, enero 01, 2007
Capítulo Segundo: Virutas de goma de borrar en mi cabeza (III)
El principal problema de las soluciones borradoras es que suponen que al borrar un recuerdo se liberará la cabeza de barreras para volver a probar todo aquello que en el pasado nos hizo daño y piensan que eso es bueno.
Llevado al extremo eso sería tanto como decir que es bueno borrar el recuerdo al niño que se quema al acercar su mano por primera vez al fuego para evitar que ese recuerdo le produzca una animadversión al fuego, sin embargo a ese niño al borrarle el recuerdo lo que le harás es que vuelva a acercar la mano al fuego y con ello habrá que volver a borrarle el recuerdo. Sin embargo a aquel niño que no le borras la memoria aunque en un principio genere una aversión al fuego pronto comerá salchichas asadas al fuego en un campamento y no será por haber borrado el recuerdo sino por haberlo racionalizado.
Lo importante de aquellas experiencias que nos han producido un daño es racionalizarlas, saber que el daño no vino de la experiencia simplemente sino de que en esa experiencia intervinieron una serie de factores que en conjunto produjeron el resultado, y que las siguientes experiencias serán distintas en tanto podamos ser conscientes de que factores produjeron la combinación desafortunada. Poder recordar es la mejor manera de fabricar nuestro propio libor de instrucciones, y sin libro de instrucciones estaremos más pérdidos.
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