lunes, enero 01, 2007
Capítulo Segundo: Virutas de goma de borrar en mi cabeza (III)
El principal problema de las soluciones borradoras es que suponen que al borrar un recuerdo se liberará la cabeza de barreras para volver a probar todo aquello que en el pasado nos hizo daño y piensan que eso es bueno.
Llevado al extremo eso sería tanto como decir que es bueno borrar el recuerdo al niño que se quema al acercar su mano por primera vez al fuego para evitar que ese recuerdo le produzca una animadversión al fuego, sin embargo a ese niño al borrarle el recuerdo lo que le harás es que vuelva a acercar la mano al fuego y con ello habrá que volver a borrarle el recuerdo. Sin embargo a aquel niño que no le borras la memoria aunque en un principio genere una aversión al fuego pronto comerá salchichas asadas al fuego en un campamento y no será por haber borrado el recuerdo sino por haberlo racionalizado.
Lo importante de aquellas experiencias que nos han producido un daño es racionalizarlas, saber que el daño no vino de la experiencia simplemente sino de que en esa experiencia intervinieron una serie de factores que en conjunto produjeron el resultado, y que las siguientes experiencias serán distintas en tanto podamos ser conscientes de que factores produjeron la combinación desafortunada. Poder recordar es la mejor manera de fabricar nuestro propio libor de instrucciones, y sin libro de instrucciones estaremos más pérdidos.
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Me parece interesante la idea de crear cada uno su propio libro de instrucciones. El problema es que estoy en contra del concepto de instrucciones. Demasiado racional y escasamente útil en un mundo sin reglas fijas.
ResponderBorrarPor otro lado, hay recuerdos que es imposible racionalizar y que se guardan en el inconsciente: el bebé que al llorar recibe un tortazo seguirá llorando por mucho que le duela y, será de mayor, cuando aparezca la repercusión de esos tortazos quizás convertida en violencia.
Sigue intentándolo