lunes, diciembre 31, 2007

Hacia el futuro y más allá...

Desde mi ventana veo como se apagan los últimos rayos de sol del 2007 sobre el cielo frío de Madrid. Cierta sensación de nostalgia me invade, sin embargo en cuanto intento urgar en ella me doy cuenta que a nada que rasque no es nostalgia lo que siento. Tras esa débil capa se esconde una creciente sensación de responsabilidad. Sí, es responsabilidad lo que siento. Esta vez no hay excusas, nada de lo que antaño me amparó puede ser ahora esgrimido. Esta vez depende de mi, soy yo el que tiene que hacer que todo vaya bien. Por una vez voy a conseguirlo porque no pienso fallar, esa no es una opción. Este año debo convertirme por fin en esa persona que llevo proyectando desde hace tanto. Tengo todo lo que puedo necesitar. Sólo necesito estar concentrado, hacer lo que tengo que hacer y dejarme de tonterías y niñerías. Con este año se acaba mi niñez y, siendo sinceros, a mis casi treinta y dos años ha durado demasiado. Estoy preparado, estoy listo, incluso el gusanillo de mi estómago está más tranquilo que nunca. Ahora ya no tengo miedo, ya no voy a fallar. Por fin todo va a salir bien, sea lo que sea.

Reflexiones sobre el fin de año

Es algo inevitable hace balance al final del año. Mi balance (oh! sorpresa) es muy positivo. Este año ha estado cargado de millones de buenos momentos, describir lo feliz que he sido estos 365 días es imposible sin revivirlos íntegramente. Pero no es eso lo que yo destacaría. Para mi lo fundamental, y por lo que recordaré toda mi vida este año, es que hemos puesto las bases de lo que va a ser el resto de nuestras vidas. Y las bases son francamente inmejorables. Por eso mi brindis no va a ser por el 2008 (que será genial) sino por el resto de nuestras vidas. Besos a todos.

martes, diciembre 25, 2007

Una canción...

Hoy toca cantar un poco (algunos direis que para eso no necesito el blog, pero hoy estoy cantarín): ain't it funny how we pretend we're still a child softly stolen under our blanket skies and rescue me from me, and all that i believe i won't deny the pain i won't deny the change and should i fall from grace here with you will you leave me too? carve out your heart for keeps in an old oak tree and hold me for goodbyes-and whispered lullabyes and tell me i am still the man i'm supposed to be i won't deny the pain i won't deny the change and should i fall from grace here with you will you leave me too? too late to turn back now, i'm running out of sound and i am changing, changing and if we died right now, this fool you love somehow is here with you i won't deny the pain i won't deny the change and should i fall from grace here with you would you leave me too?

lunes, diciembre 24, 2007

Contraste (I)

En situaciones dónde se busca que, por una vez al año, el máximo de personas sean felices, la infelicidad choca como una piedra contra una casa de cristal. El contraste sentimental siempre me ha fascinado. Me parece tan complicado tener sentimientos que parecen incompatibles. Eso de estar en medio de una felicidad generalizada que te llega a contagiar pero a la vez llevar la tristeza en tu interior es un dilema que me subyuga. A veces la complejidad emocional domina a la pureza emocional. Al fin y al cabo quien puede decir que prefiere tajantemente sentir de forma pura (total) cada sentimiento o hacerlo de forma compleja. Igual es que estoy comparando magnitudes distintas. No sería la primera vez.

domingo, diciembre 23, 2007

Mi enemigo (I)

No soy un experto en filosofía, de hecho nunca conseguí aprobar un examen de filosofía de COU, pero estoy casi seguro que algún filosofo (si es que no han sido muchos) dijo algo así como que somos nuestro mayor peligro, nuestro enemigo mortal. Yo, sin lugar a dudas soy mi peor enemigo, cavo mi propia tumba, me zancadilleo, me remato,...

Emboscada

Alzó la vista entrecerrando los ojos, el sol estaba ya muy alto aunque el día acabara de empezar para él.
Ya no quedaba ni rastro de la brisa fresca que seguramente al despuntar el sol le habría obligado a abrigarse para caminar. La naturaleza muerta que le rodeaba parecía no poder reaccionar ante los rayos del sol invernal, quizás prefería esperar a que llegara la primavera y así asegurarse una ración de sol más generosa. Él, al contrario que la naturaleza, no tenía tiempo que perder. Había dormido mucho más de la cuenta, le iba a costar llegar a dónde quería antes de que desapareciera el sol.
Recogió el saco de dormir aun tibio con el calor que habían compartido durante tantas (demasiadas) horas. Se lavó la cara con el agua justa para no poner en peligro la ración diaria que podría necesitar en caso de no poderse parar a reponer sus maltrechas existencias.
Se puso a caminar, si iba lo suficientemente rápido y no se equivocaba de camino podría alcanzarla. Esa idea lo azuzó para comenzar con fuerza el largo caminar que le esperaba. Esta vez no iba a fallar.
Concentrado fue minuciosamente repasando todos los datos que tenía para llegar a su destino, no podía esta vez perder tiempo en aventurarse por si encontraba un atajo.
El camino era sencillo, subir al monte Abantos, internarse por sus pinares y llegar hasta la cuerda, avanzar dejando Cuelgamuros a su derecha y llegar al Puerto de los Leones. La clave estaba ahí, en conseguir rodear Cuelgamuros sin ser visto. Para ello había que intentar rodearlo por la izquierda sin perder mucha altura pero sin ir por la cuerda. Era el camino más directo pero más peligroso.
Confió en estar acertando esta vez.
Llegó a la cumbre al cabo de un par de horas. El ascenso lo había hecho en casi la mitad del tiempo que le habían dicho pero estaba más cansado de lo debido. Paró un instante a comer una manzana y beber un sorbo de agua. Desde allí no se distinguía aun el camino que debía transcurir por debajo de la cuerda, aunque si vio tres posibles caminos que parecían encaminarse a distintas alturas hacia ese punto. Optó por coger el más alto, en caso de equivocarse penso que ya encontraría un forma de bajar.
El puerto de los Leones no era una zona muy transitada pero era una ruta indispensable en invierno cuando se quería pasar hacia el norte sin ser visto.
Por fin vio a lo lejos la curvatura de Cuelgamuros. Parecía surgir un camino al lado izquierdo que podría llevarle hasta el otro lado. Alentado por esta cirscunstancia y pensando que esta vez todo estaba hecho se encaminó con paso seguro y decidido.
Al cabo de dos horas ya veia el Puerto de los Leones. Ni rastro de ser humano. El sol hacía tiempo que había perdido fuerza y se ocultaba perezosamente al otro extremo del valle.
Todo transcurrió en un instante. Con el rabillo del ojo vio el brillo de algo bajando hacia el camino y antes de que se pudiera dar cuenta la emboscada estaba resuelta.
Primero pensó en plantar cara pero un vistazo a su alrededor le hizo comprender que no tenía nada que hacer. Dos guardias civiles, con el inconfundible uniforme verde caqui se habían puesto en la retaguardia, avanzaban hacia él por su espalda tranquilos, midiendo su posible reacción. Delante en el camino habían aparecido otros dos guardias más y a su altura sobre un montículo de rocas a cinco metros de él estaba el guardia al que había visto por el rabillo del ojo, éste ya estaba con el arma reglamentaria desenfundada.
La rendición tampoco podía ser una opción, las instrucciones de los guardias serían las de matarlo si no encontraban los documentos. Y, afortunadamente pensó ahora, él no lo tenía. Ellos tampoco, porque sino no le habrían tendido la emboscada. Eso sólo podía significar que ella había conseguido llegar.
Con ese esperanzador pensamiento tomó la decisión. Se encomendó, como siempre que tenía dificultades desde que siendo joven le vio morir en un paredón fusilado, y se dispuso a morir.
Los guardias civiles entendieron el gesto y se pararon expectantes.
La esperanza ya no estaba en sus manos. En realidad nunca había existido mucha, pero hacía tiempo que no estaba en sus manos.

Más allá del análisis... (I)

En la vida hay que tomar decisiones. Yo tengo que aprender mucho. En concreto hay una lección de mi mismo que me está constando muchísimo aprender y esta vez (con fuego) ha entrado.
SOY IMPERFECTO. Durante años me he comportado (parafraseando a Herman Hesse) considerándome perfecto (o muy cerca) y eso era sólo porque me exigía mucho menos a mi mismo que a los demás.
Hace tiempo que debí haberme dado cuenta, a pesar de los enormes signos de alarma que a mi alrededor han ido creciendo, no he sido capaz de llegar a la conclusión. Siempre me decía que en mis errores estaba la virtud de que yo podría enmendarlos. Ahora me doy cuenta que la virtud no es poder enmendarlos, sino enmendarlos.
En mi cabeza, y en general en mi personalidad, tiendo a confundir el análisis acertado o no de las situaciones con su transformación en la realidad. De hecho la realidad es un reto para mi. Un reto que por fin voy a afrontar, sé que no será perfecto, pero por fin todo será real.
Normalmente razono y me doy cuenta de lo que ocurre. Hago un análisis, llego a una conclusión (acertada o no) y me doy una palmada en la espalda. Me digo, bien hecho, que bien has razonado. Y me quedo tan contento.
Sin embargo muy pocas veces tengo el valor, la decisión, el buen sentido, la coherencia, de exigirme que lo que he concluido se plasme en la realidad. De hecho es asombroso lo mucho que me cuesta en mi vida ese esfuerzo.
Por poner un ejemplo trivial. Tengo en la cabeza un corto. Es algo que tengo desde hace mucho tiempo en mente hacer. Tengo las ideas necesarias, las sensaciones, gente que me puede ayudar y hasta me he imaginado a mi mismo rodándolo. Y estoy tan contento, para mi cabeza ese es mi corto, en la realidad cualquiera que lea esto dirá, de qué esta hablando este hombre, si nunca ha mostrado ni la menor afición por rodar. Y esa es una buena señal de hasta que punto está desconectado mi lado decisor del cerebro con el lado ejecutor del mismo (no lo digo en ningún término biológico sino figurativo).
Pues muchas veces con las cosas serias (al fin y al cabo que haga o no el corto probablemente sólo me interese a mi) con las cosas serias, decía, me ocurre muchas veces algo parecido. Me digo a mi mismo que tengo que hacer las cosas de una determinada forma. Me enumero a mi mismo los numerosos argumentos a favor de actuar de esa determinada forma y con eso me pienso que esa forma de actuar ya es real, y no me paro a pensar que en realidad sólo será real cuando lo consiga hacer real, o por lo menos cuando lo intente hacer real.
A veces pienso que es por vagueria, otras pienso que es por que me parece que el mundo real no es nada bonito, comparado con el que tengo dentro de la cabeza. Pero la mayoría de las veces me pongo cualquier excusa para no actuar. Y eso es intolerable.
A partir de ahora eso se ha acabado. Voy a hacer real lo pienso que debe ser real. Mis defectos al menos serán defectos reales intentados perfeccionar. Y no pienso detenerme ni un segundo más en imaginar como sería el mundo si todos mis pensamientos se hicieran realidad. El mundo es el que es, pero mi vida es la que yo me forjo todos los días, en cada instante con cada acción u omisión que ejecuto. En todo lo que de mi dependa, se hará como yo quiero, y me voy a empeñar. Porque tengo otro defecto casi incurable (bueno tengo muchísimos más) es que soy un cabezota.
Desde hace unas horas en adelante, mientras viva, soy una persona más realista. Todas mis acciones me definen, mis ideas no me definen más allá de la expresión o formulación de hipótesis. Pero voy a ser juzgado por mis acciones, sin importar más de lo necesario mis intenciones.
Lo que hago o dejo de hacer bien sumará a mi favor, lo que hago o de jo de hacer mal, restará en mi contra, el resultado será favorable o negativo pero por una vez será real.
Así que juzgádme, ahora soy yo siempre.

martes, diciembre 04, 2007

El tiempo se va... (II)

Es obvio que el tiempo no deja de pasar.
Me asusta pensar que ese instante en el que dejamos de existir está inexorablemente cada vez más cerca. No sabes ni cuando, ni como, ni dónde, no puedes si quiera prepararte. Ante la muerte, la desaparición de una persona, casi todos los tópicos valen. Es tan definitiva que no admite réplica.
Gracias a mis creencias inculcadas desde pequeño, la muerte nunca fue un tema que me preocupara demasiado, hasta tal punto que, a veces, incluso pensaba que era absurdo estar "en vida" pudiendo estar ya "en la otra vida".
Sin embargo, con el tiempo y la experiencia, me he ido dando cuenta de lo que me gusta vivir y, que me da bastante lo mismo si hay o no "algo" después de la muerte. Actualmente no cambiaría lo que me queda de mi vida ni por mil años en paraísos reales o soñados.
Todo esto no impide que de vez en cuando me asalten dudas sobre cómo debo afrontar el tema de la muerte. Son dudas más del tipo, ¿he hecho con mi vida lo que quería? ¿qué me queda por hacer antes de morir?...
No son grandes dilemas, como ya he dicho actualmente mi vida me encanta, pero si son cosas que se quedan dando vueltas por mi cabeza.