lunes, febrero 12, 2007

Superando mi timidez (I)

Un buen día me desperté en un cruce de caminos. Era de noche y había refrescado, pero era uno de esos frescores que se agradecen, que te animan a activarte y a sentirte despierto. Cómo no sabía que hacer, ni hacia donde ir, saqué una moneda para que me ayudara a elegir el camino. Como algunos ya sabeis mi moneda de la suerte es una moneda extraña, una vez se cruzó en mi camino salvándome de una muerte segura y desde entonces la conservo en mi bolsillo izquierdo como un tesoro. Es del tamaño de una chapa de las botellas de antes, dorada por un lado y plateada por el otro; en la parte dorada se distingue claramente un rostro serio, duro e impenetrable, de estilo nórdico y con una mandíbula prominente, está rodeado por unos extraños caracteres que todavía no he logrado identificar; el lado plateado, en cambio, está difuminado, como si hubiera sido tocado muchas veces y en el se aprecia una suerte de cara de formas redondeadas entre vaporosas nubes que parece estar profiriendo una advertencia. Lancé mi moneda al aire y la vi ascender y ascender hasta que se convirtió en una estrella. Esperando que la moneda descendiese empecé seguirla. Y para poder seguirla me ví obligado a pasar por donde no había ningún camino. Con la vista en el cielo, siguiendo mi moneda convertida en estrella, caminé durante incontables jornadas. Pero llegó un momento en que ya no pude más y agotado me quedé dormido mirando el cielo. Cuando desperté me pareció ver muchas estrellas a mi alrededor. Me froté los ojos y vi que revoloteaban tejiendo un caos de fulgores que me envolvia en una red luminosa. Rogué que se pararan y me obedecieron, sin embargo al pararse murieron y calleron una a una al suelo. Cogí del suelo al azar la que se encontraba más cerca y ví que tenía una forma de estrella de cinco puntas irregular, al sentir mi contacto se estremeció, o yo sentí que se estremecia, no sé explicarlo bien, o si existe alguna diferencia. Me produjo una alegría enorme comprobar que algo latía dentro, aunque sonara como si estuviera a una distancia insalvable. La hablé, supliqué e incluso lloré pero nada hizo variar su estado. Lleno de frustración la lancé con todas mis fuerzas. Vi como se alejaba impulsada por mi fuerza pero en seguida comprobé que caia irremediablemente y al caer sentí los golpes en mi propia carne. Confuso me puse a caminar. Al hacerlo vi aparecer de nuevo mi moneda en su forma de estrella. Esta vez corrí hacia ella y dí un salto pensando insensatamente que podría alcanzarla. Al despegar mis pies del suelo una fuerza me tomó en sus brazos y me impulsó hacia la moneda. Cuando llegué a su altura extendí mi mano para tocarla y al rozarla sentí que yo lo era todo y que todo cabía en mi. Transtornado por esa sensación pensé en un bello amanecer que se fue dibujando ante mis ojos con toda clase de detalles. Vi los colores que había imaginado tomar formas inesperadas. Los vi como se mezclaban y creaban nuevos colores que yo sólo había intuido. En pleno frenesí volví al suelo con mi moneda y me di cuenta que había llegado a donde en el fondo siempre había querido llegar. Respiré hondo para intentar contener mis torrentes sanguíneos que desbocados me recorrían produciéndome a la vez una cómoda sensación de calor y frio. Al abrir de nuevo los ojos me percaté de que aunque sabía que era ese el sitio que alguna vez había soñado, en realidad el viaje sólo acababa de empezar...

2 comentarios:

  1. Anónimo4:05 p. m.

    Me acabo de acordar de que tenías un blog... (tenías o tienes?)

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