lunes, noviembre 13, 2006

Contando las estrellas que se reflejan en la pantalla de mi televisor apagado (I)

Sabedora de que la estaba mirando, se detuvo delante de un escaparate. Con fingido interés observó cada uno de los pasteles que se amontonaban al otro lado del cristal. De repente se giró para continuar su camino deslizando su mirada por la mia. Bajó la suya y siguió el camino. Fue un instante. Algo fugaz. Pero sin lugar a dudas se me aceleró el corazón, quiero pensar que a ella también. Es cierto que no hice nada, es cierto que en ese segundo escaso se amontonaron un montón de sensaciones a las que no supe (¿quise?) dar salida en forma de reacción. Pude haberla preguntado algo, quizás ella también podría haberlo hecho. Pude sonreir de un modo más evidente. Hasta se me ocurrió que podría seguirla, nada ilícito, nada peligroso, sólo perpetuar un poco más esa sensación de coqueteo. Más tarde, siguiendo mi paseo, volví por esa misma calle, y me sorprendí a mi mismo observando con atención por si volvia a verla. Algo un poco irracional porque en primer lugar sería mucha casualidad y en segundo lugar es bastante probable que dada mi nula capacidad fisionomista podría pasar delante de mis narices y no darme cuenta. Pero lo que me sorprendió es que tener ese grado de fe o locura u optimismo.

1 comentario:

  1. Anónimo6:01 p. m.

    Llevamos tan dentro la impronta de la privacidad que casi siempre reaccionamos retraidamente cuando un desconocido nos aborda ... bueno, si la desconocida es muy guapa es otro rollo.

    (Mira! Un punto y coma!)Pero en serio, eso de conocer a alguien por la calle (o caféteria/ascensor/tienda de ropa) es casi exclusivo de las pelis. Es la típica escena que Brad Pitt hace de puta madre y Matt Damon da vergüenza ajena.

    ResponderBorrar