martes, noviembre 14, 2006
Durmiendo profundamente mientras millones de ondas y microondas procedentes del centro del universo me invaden (I)
Entré en la habitación con la extraña sensación de haber estado ya allí. Mi parte racional, aunque muchas veces no lo parezca yo también la tengo, me decía claramente que ese edificio era de reciente construcción, de hecho estaba en la fiesta de estreno del piso, y por tanto yo no había estado nunca allí. Sin embargo algo dentro de mi, mi subconsciente, mi sexto sentido, mi locura personal, mi algo indefinido que no deja de ser parte de mi, me decía aun más rotundamente que reconocía ese lugar.
La asombrosa familiaridad se acentuó en el momento que llegó a mi una especie de olor dulzón pero con ciertas reminiscencias a lugar cerrado, algo parecido a cuando destapas una caja antigua que todavia guarda en su interior restos de alguna flor ya marchita. El olor provenia de un mueble situado a mi derecha. En el se apreciaban marcas de haber sido usado. Era una de estas cómodas anchas, con una curva en medio que se asemejaba a la de la felicidad, como si tuviera panza, oscura, pero a la vez despedía un cierto resplandor, ayudaba a ello, claro está, una lámpara, en forma de candelabro poco elaborado, que se situaba encima.
Instintivamente me quedé mirando a la cómoda, puse la mano encima y noté como despedía un calor que al instante percibí como propio. Tuve la extraña sensación de que me estaba devolviendo un poco del calor que de alguna forma yo le había transmitido. Mis pies pisaban un suelo nuevo, pero mi ser volvía a un lugar conocido...
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