domingo, noviembre 12, 2006

Almacenando latas con recuerdos en un armario sin cerradura (I)

Me sucede a menudo que mi cabeza me parece tan llena que va más lenta, como si fuera un ordenador. Siempre pensé que una de las posibilidades del futuro, que probablemente yo no veré, aunque los hijos de mis amigos igual si, es que inventen una especie de conexión para descargar el exceso de informacion en un disco duro, algo así entre Matrix y Harry Potter por mencionar dos referencias de las miles que han reflejado a su manera esta posibilidad. El caso es que podría pensarse que sería un alivio pero yo no estoy tan seguro de ello. Me sucede también muy a menudo que mis pensamientos me sorprenden, que encuentro ideas, información, reflexiones que no soy capaz de saber como estaban ahi. Por eso en los días en que me encuentro un poco espeso, usualmente los domingos suelen ser muy propicios, pues precisamente intento dejar a ver con que me sorprende mi cabecita. Este refugio interior absolutamente mio, aunque muchas veces no sea capaz de controlarlo, hoy me ha regalado un momento estupendo rememorando para mi, en plan modo aleatorio, un buen puñado de flashes de grandes recuerdos de este último año. Y no es que esté propugnando vivir en el recuerdo, no. La vida en presente por favor. Pero si que es asombroso lo que se consigue acallando todo el ruido que muchas veces nos rodea y dejando que la cabecita actue por su cuenta y riesgo.

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