miércoles, octubre 22, 2008
Sin hacer ruido
Sin molestar, sin llamar la atención, sin gritar, sin susurrar, sin ni siquiera pestañear.
Por temor a ser oído, a ser ubicado, encontrado, recordado.
Con miedo a ser delatado, a que me encuentre el foco de luz y me saque de la anónima oscuridad.
Miedo a la batalla, miedo a huir o correr, miedo a moverme, miedo de respirar.
Miedo de cerrar los ojos, miedo de mirar y de saber.
Saber lo que sé pero no quiero reconocer.
Miedo de dar certidumbre a lo que hasta ahora sólo son miedos.
Miedo de reconocerme en esta realidad que no quiero conocer.
Miedo de enfrentarme a la realidad, de asumir las consecuencias.
El miedo es mejor que limpiarse las heridas y salir a la luz.
Luz que pueda curarlas, luz que pueda iluminar el camino.
Camino que me haga andar y moverme de este lugar de penumbras y angustia.
Angustia que casi ya ni siento, que me es propia, que no puedo liberar.
Angustia que me ha atrapado en una red de miedos de la que no quiero salir.
Porque sé que es mejor, la incertidumbre es mejor que la certidumbre de mis miedos.
Mi mente cansada grita para no dormirse, para estar alerta por si acaso hubiera una señal, un atisbo, mi mente cansada grita pero lo hace en silencio, porque tiene miedo.
Qué contradicción temer a la señal que certifique los miedos, pero ansiarla por si permite renacer algo que un día se asemejó a una esperanza.
Contradicción de merecerlo pero no quererlo, de suplicar por la injusticia.
Los labios heridos de tanto apretarlos, la garganta reseca de la tensión.
Mis ojos fijos, mi mente confusa, en silencio pero confusa.
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