viernes, octubre 24, 2008

Diario de un exiliado: Día 2

Intento combatir la soledad con raciones de nuevas lisergias, entre ellas estoy escuchando a Maps (We can create), aunque probablemente tenga que optar por dosis más potentes de escapismo, el disco siempre me ha dejado un regusto de buen rollo y tranquilidad que ahora mismo me viene bastante bien. Esos zumbiditos agradables, la voz susurrante, los paisajes cosmicos, la sensación de ausencia de la realidad,... La música es un buen medicamento para en general casi todos los dolores, hay que escuchar aquella que en cada momento pueda mejorar lo que tenemos dentro o pueda infundirnos el estado de ánimo que queremos tener.

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