jueves, octubre 23, 2008

La derrota

Creia que lo iba a alcanzar, que iba a ser el primero en llegar a la meta. Casi podia verlo, imaginarlo, olerlo. La gloria, la satisfacción de haberlo hecho bien, del esfuerzo, enorme esfuerzo, recompensado. La primera flecha le dolió, atravesó su antebrazo y sintió primero el golpe, luego el desgarro de cada uno de los tendones y fibras de su musculatura y luego, tras una pequeña calma, un estallido de dolor insoportable. Veia la flecha en su antebrazo pero no podía comprender que hacia alli. No le cabia en la cabeza, intentó cogerla pero sus miembros no podían responder ante el dolor extenuante que estaba padeciendo. La segunda flecha le derribó al suelo. Su muslo perforado no podía soportar el peso de su cuerpo y la fuerza con que la flecha llegó y atravesó su pierna hizo el resto. Contradictoriamente no le aumentó el dolor, el lacerante dolor que berreaba en su cerebro como un poseso. La tercera fue definitiva. Atravesó en un momento que había levantado los brazos de lado a lado su pecho justo por debajo de las axilas. Había sido su culpa, podía haberse refugiado, podía haber utilizado sus fuerzas para otra cosa.

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