viernes, septiembre 26, 2008
Recapitulando
Un buen día se dio cuenta que no era feliz. No sabría explicarlo pero en un instante todo cambió. Los neurólogos actuales hablarían de complejos procesos químicos y eléctricos en su cerebro, para intentar explicar porqué era feliz y en un instante dejó de serlo. Los psicólogos, en cambio, intentarían buscar una causa subyacente en su pasado que, mantenida de forma latente en las brumas de su memoria, saltó a la luz empujada por un recuerdo asociativo.
El caso es que no había muchas más vueltas que darle, no era feliz y aunque hace cinco minutos era, ahora lo sabía, ignorante de semejante situación, desde hacia un instante su consciencia era total.
La sensación no le preocupó, de hecho, lo más desconcertante es que no estaba si quiera sorprendido. Como si el hecho de su infelicidad hubiera estado delante de sus ojos y, sin más, hubiera decidido en este instante darse por aludido. Ahora que se ponía a pensarlo más detenidamente, prácticamente todo le conducía a una inevitable infelicidad, nada era como quería o había planeado. Lo extraño es que la infeliz realidad no era como hubiera podido temer, era bastante más normal y, hasta bien pensada, se imponía con toda lógica.
Había fallado en todo, y sólo quedaban dos soluciones, o empeñarse en tener éxito, o buscar otro camino.
De los intentos por tener éxito, aquí nada hay que reseñar, sólo consiguieron ahondar el fracaso evidente en todos los frentes. Sin duda emperoraron las cosas. Tardó demasiado en reunir el valor suficiente para buscar otro camino.
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Es bueno saberse infeliz.
ResponderBorrarEs bueno porque sólo una persona que antes haya tenido el sentimiento contrario puede identificar la carencia de felicidad.