lunes, septiembre 29, 2008

Lloviendo

Se quedó mirando una gota de agua descender por el ventanal. El día había sido gris, frío, otoñal y la lluvia que comenzó a caer de forma tibia a medio día, llevaba un rato cayendo con pertinencia. Había muchas gotas de agua deslizándose por el gran ventanal del salón, pero su mirada se quedó atrapada en ésta (o quizás su mirada atrapó esa gota concretamente, todavía no podía determinar cuanta intención estaba poniendo). El sonido perfecto y amplificado de sus tacones por el pasillo volvió a resonar en un lugar indeterminado de su mente. Sintió la necesidad de contenerse, tuvo que volver a apretar los dientes para no darse la vuelta y salir corriendo. Podía haber salido corriendo y pedir perdón. Podía haber suplicado clemencia y comprensión. Podía haber hecho lo correcto. Seguro que habría salido bien. Seguro que ella habría terminado por aceptar el trato, no hubiera sido la primera vez. En esas situaciones se sabía desenvolver como pez en el agua. Los reproches eran justificados. Fue casi un suicidio contarle la verdad. Aunque no fue un acto de sinceridad, no, más bien fue la expresión de una necesidad. Había estado tanto tiempo callándolo, actuando, vigilándose, negándose la libertad de hablar sin control, la libertad de decir lo primero que le venia a la cabeza. Estaba tan cansado de inspeccionar sus acciones verbales que el alivio fue instantáneo. Sintió ese alivio o mejor dicho ese cansancio por fin liberado, por fin soltado para que pudiera disolverse poco a poco. Como una costra de sal que, bajo la lluvia, va cediendo y se pierde por el desagüe. De esa sensación de ligereza había surgido la fuerza y el control para aguantarse una única vez, una última vez y poder así contener los torrentes sanguíneos que clamaban por buscar una redención completa. Ya no había perdón, no era necesario, no tenía sentido. El perdón requiere querer conseguir algo a cambio, y él ya no quería nada. Sólo quería ver llover, seguir la gota de agua por el cristal. Hasta que se desvaneció en el marco, siguiendo el rumbo que la gravedad le marcaba, siguiendo su camino. Otra ocuparía su lugar en ese enorme ventanal.

1 comentario:

  1. es lo bueno, que hay muchas otras y muchos otros (muchas otras gotas y muchos otros ventanales).

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