lunes, enero 21, 2008

Metido en una turbina

Pues así me va. Y es que en menos de una semana he pasado de la desesperación profesional a la más ilusionantes de las esperanzas. No sé muy bien que saldrá de todo esto pero tengo claros varios puntos.
El primero de ellos es la imposibilidad de dar marcha atrás. En mi vida profesional tengo que dar un salto ya y ese salto tiene que ser fuera de mi actual trabajo. Les he dado suficientes oportunidades para transformar las bonitas palabras en hechos y la verdad no creo que pudiera confiar en ellos aunque ahora reconocieran su error (algo absolutamente imposible).
El segundo es que actualmente tengo mucha suerte. Mi situación es bastante buena y puedo esperar a escoger la opción más apetecible o mejor orientada a mis necesidades. Lo que aun es mejor suerte es que hasta ahora todo lo que me ha salido y he tenido oportunidad de ver ha sido muy bueno. He tenido (y tengo) tres opciones muy distintas y todas me ilusionan por motivos distintos. Todas suponen un cambio a mucho mejor. Y aunque ninguna se ha concretado aun (bueno una ya es definitivo que no me cogen) tengo la intuición que pueden responder de forma diferente pero efectiva a mis requisitos. Yo quiero crecer ahora que puedo, ya recogeré frutos luego.
El tercer y último punto se refiere a la necesidad de demostrarme (una vez más) que puedo. Tengo un cierto sentimiento que me obliga a probarme, a demostrar que soy mejor de lo que quieren hacerme creer. Me apetece mucho poder decir todo lo que pienso a determinadas personas y para ello necesito tener algo sólido que lanzarles. No puedo esperar a que llegue ese momento, no por mi, ni por ellos, sino porque creo que sería una especie de acto de justicia poética. Lo malo de la justicia poética es que nunca acude dónde se le reclama.

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