Agazapado, tenso, cansado, alerta pero en el fondo no es lo mismo. Qué contradictorio es el pensamiento si se le deja vagabundear a su antojo, es contradictorio e ilógico, a pesar de nuestros múltiples esfuerzos por ordenar todos y cada uno de nuestros pensamientos e impulsos, qué díficil se hace, a veces, mantener esa tensión necesaria para tejer líneas inexistentes entre los pensamientos. Líneas que los unan, que los aten, que los dejen fijos, líneas que los opriman e impidan que sigan mutando y moviéndose.
La mayoría de las veces sólo dejamos salir a la superficie aquellos pensamientos cobardes que se someten a la dictadura de nuestra aguja tejedora. Aquellos que se rinden ante nuestra falta de imaginación y adoptan, pasando por el aro, la forma que hemos creado para ellos. Cuando ocasionalmente se escapa algún valiente, en aquellas ocasiones en las que nuestra férrea disciplina deja una rendija abierta o, en la que un pensamiento aparentemente sumiso se rebela y enseña su verdadera y libre cara, entonces es cuando hay que acudir corriendo a tapar el descosido con montones de hilo y pensamientos serviles que, permitan crear una escructura que termine por absorver al rebelde. Hay que actuar rápido pues se corre el peligro de que los pensamientos recobren su tendencia a la inestabilidad y todo salte por los aires.
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