martes, diciembre 12, 2006

Capítulo Primero: Casualidades (II)

Lo que nos diferencia del resto de los animales conocidos es la capacidad de pensar. A un animal no se le suele ocurrir que el Sol sale de determinado lugar porque la Tierra gira a la vez sobre si misma y sobre el Sol. A nosotros los seres humanos, aunque tardamos bastante y quemamos a unos cuantos por el camino, por fin hemos reconocido esa circunstancia de forma mayoritaria. Un animal cualquiera no se pregunta el porqué de las cosas. Nosotros constantemente, la verdad es que debería de decir que la mayoría de nosotros, porque hay personas que no tienen ese interés o no pueden tenerlo, lo que nos lleva a otro tema que no voy a tratar ahora, pues nosotros, decía yo, atribuimos a la casualidad unos poderes y capacidades de semi-Diosa (mientras no sacrifiquemos animales en sus altares será sólo semi) lo que me parece muy exagerado. Al buscar la explicación de todo lo que nos ocurre podemos encontrar una explicación que nos satisfaga, podemos encontrar una explicación que no nos satisface y finalmente podemos no encontrar ninguna explicación. Al no encontrar esa explicación solemos intentar forzar alguna que nos convenga para quedarnos tranquilos y es aquí donde las casualidades suelen jugar un papel fundamental. Nada más socorrido que recurrir a una casualidad para no seguir indagando en la causa verdadera de lo que ha acontecido. Pongamos que un chico y una chica que hacía años que no se veían un día se encuentran en la calle. Se ponen a hablar y terminan retomando una bonita amistad, es posible que uno de ellos piense en la feliz casualidad que les ha reunido de nuevo, pero quizás si pusiera más empeño en encontrar una explicación terminaría por averiguar que la otra persona estuvo en esa calle durante días y días esperando encontrarla y que su tropiezo fue el fruto de un tesón y una voluntad muy determinadas. Volvamos al ejemplo de antes, un ser humano, de esos de tiempos de las cavernas, probablemente un día observó que el Sol salía por el mismo punto que unos meses atrás, y se preguntó si era o no una casualidad, si se hubiera conformado con la explicación de la casualidad se habría retrasado el avance de la humanidad en cientos de años... En resumen, hay que tener cuidado, que las casualidades no sean una excusa para no buscar el verdadero porqué de las cosas.

2 comentarios:

  1. Anónimo3:00 p. m.

    Las casualidades no pueden explicar la ciencia.
    Pero la ciencia tampoco puede explicar las casualidades.

    Creo en las casualidades que cambian la vida sin plantearme su componente fanático o irracional. Simplemente, creo en ellas. Ya ves, cada uno cree en cosas que el otro no admite :P

    ResponderBorrar
  2. En eso te doy la razón, es importante tener algo en que creer... y hasta aquí puedo leer.

    ResponderBorrar