La sonrisa le pintó la cara, la transformación era evidente. Esos pliegues ahora más visibles rodeandole la boca, acentuando sus ojos semirasgados. Esa sonrisa valía por su belleza, no sólo era un indicador de alegría y bienestar, sino que era bella, transmitía belleza.
Alba nunca se había parado a pensar que en medio de aquella tarde lluviosa vería un atisbo de claridad. Sumida en sus propias desventuras, absorta en las batallas que su mente decidía luchar, maldiciendo cada error imperceptible, manipulando la historia para no sentirse culpable, en definitiva viviendo su vida desde su propia persona, no se había parado a pensar en lo que valía una sonrisa bella. Una sonrisa que, por un instante, calmó su mundo que, por un breve momento, pareció encajar todas las piezas de golpe.
jueves, febrero 21, 2008
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